Desafortunadamente, los índices y estadísticas indican que las mujeres son la parte de la población que más sufre de violencia.

Pero no solo se trata de agresiones físicas, pues diversas situaciones que erróneamente son normalizadas, también pueden figurar como actos violentos.

Existen cinco tipos de violencia, dentro de los cuales la psicológica es una de las más comunes. Es importante hacer mención de que la falta de información o el desconocimiento del tema, provoca que muchas acciones violentas no sean vistas como tal.

“Entendemos como violencia si deja marcas en el cuerpo, si te manda al médico legista, pero la violencia psicológica abarca un espectro más grande, como lo son las bromas hirientes, el control de las redes sociales y la vestimenta, cuando empieza a prohibir o aislar de la principal red de apoyo, en este caso es la familia, los amigos. También existe la violencia económica o patrimonial”, explicó la Psicóloga Anahí Pérez.

“Cuando se limita la manutención de los hijos en caso de haberlos o la destrucción de bienes a modo de represalia, hay una limitación económica o directamente una prohibición sobre trabajar o estudiar, son signos de violencia económica”.

Por otro lado está la violencia sexual. Este tema tiene especial importancia a la hora de hacer una denuncia, pues existen muchos tabúes en la cuestión de la violencia sexual o de una violación como tal.

“Lamentablemente es en el seno familiar en donde más se presenta este tipo de violencia, con los abuelos, los hermanos, los padres o los padrastros. Hay muchas mujeres que se callan esto y luego desemboca en problemas emocionales como depresión y ansiedad en la etapa adulta”.

¿Cómo identificar cuando se vive la violencia?
Los psicólogos manejan el llamado violentómetro, en donde todo comienza con pequeñas bromas hirientes. “Comenzar a criticar el cuerpo o el comportamiento comienza a afectar el autoestima de la víctima”.

El Ciclo de la Violencia inicia con la fase de la calma. “Es complicado darse cuenta porque las situaciones a penas se empiezan a presentar, la relación recién comienza y se da la mejor cara. Conforme avanza el tiempo, empieza la fase de acumulación de tensión, donde empiezan los celos, el control, el chantaje, las prohibiciones.

De aquí viene la fase de la agresión, que puede ser verbal o física “y es donde la víctima comienza a darse cuenta de que algo no está bien y debe irse”.

Llegados a este punto, el agresor buscará reiniciar el ciclo volviendo a buscar a su víctima para pedir perdón. Esta es la cuarta fase, llamada “Luna de miel”.

“Es cuando se “logran reconciliar” y en ocasiones, se da la posibilidad de que nazca un hijo con la esperanza de que la situación va a mejorar, aunque no sucede así”.

Este ciclo puede repetirse en reiteradas ocasiones, lo cual no solo afecta a la pareja sino también a los hijos, que comienzan a crecer y a ver una y otra vez la misma situación, por lo que al crecer, sin pensarlo, normalizan los comportamientos violentos.