Cuando empezamos a ver mal de cerca tendemos a pensar que hemos abusado de móviles, ordenadores y dispositivos similares. Pero la realidad es otra. La responsable de que tengamos que alejar aquello que queremos leer es la presbicia.

La presbicia es la consecuencia de cumplir años. De hecho, esta dificultad para la visión próxima suele empezar en torno a los 40-45 años y va manifestándose de forma progresiva. “Se pierde esa capacidad de enfocar y se empieza a ver borroso en la visión intermedia o corta. Nos damos cuenta de que si alejamos aquello que queremos ver al principio es posible compensar un poco la dificultad de enfoque. Pero pasados los años llega un momento en que, aunque alejemos lo que queremos ver, no es posible la lectura”. Así explica José I. Blázquez, de la Unidad de Córnea y Cristalino del Instituto Oftalmológico Fernández-Vega.

Y aunque pensemos lo contrario, lo cierto es que las pantallas no intervienen en la aparición de la presbicia, también conocida como vista cansada. Eso sí, como “en la vida moderna actual el trabajo de cerca es fundamental -en el uso de pantallas y de lectura-, digamos que la persona se da cuenta antes de ese problema, pero no porque la pantalla lo provoque”, añade Blázquez.

En ello coincide María Luisa Sánchez Rodríguez, profesora de la titulación de Óptica y Optometría de la Facultad de Farmacia de la Universidad CEU San Pabloquien añade que la presbicia no tiene que ver con haber leído o cosido mucho o haberse pasado la vida frente a un ordenador. “Se debe sólo al envejecimiento y no se puede prevenir”.

El causante de esta pérdida de visión cercana es el cristalino, una lente natural que se encuentra en el ojo y que con la edad se vuelve más rígida. “El cristalino modifica su curvatura para que se realice el enfoque tanto de lejos como de cerca. Con la edad esa capacidad para modificar la curvatura se pierde. De esta manera ya no es posible que se modifique para la visión próxima y la persona empieza a notar dificultades a esa distancia”, añade Blázquez.

¿A qué distancia solemos leer?

Lo habitual es separar aquello que leamos a unos 30-35 centímetros. Cuando la visión cercana empieza a estropearse tratamos de enfocar mejor y acomodar la vista alejando aquello que intentamos leer, cocinar o ver en general.

Qué podemos esperar de nuestra vista en función de la edad?

Como ya hemos comentado la vista cansada depende enteramente de la edad. Así, en torno a los 40-45 años ya empezamos a darnos cuenta de que cuando consultamos el móvil o vamos a leer una etiqueta tenemos que empezar a alejarlo para verlo un poco mejor. “Pasan los meses y hay que separar más aquello que leemos, hasta que los brazos no nos permiten alejarlo más”, dice Sánchez.

Según cumplimos años cada vez cuesta más enfocar objetos que se encuentran cerca. “En torno a los 60-65 años perdemos la acomodación y ya no vemos de cerca. Es irremediable”.

Y es que por más que queramos engañarnos cuando la presbicia ya se ha instalado no se ven ni los mensajes del móvil ni las llamadas ni mucho menos el menú en letra pequeña cuando vamos a cenar.

Gafas, la forma de compensar

Una de las formas más habituales a las que se recurre para ver de cerca es con la ayuda de unas gafas con cristal positivo de hipermetropía para visión próxima, según añade Blázquez. Este tipo de gafa incluye dioptrías que van desde 0,50 o 1 dioptría a los 45-46 años, cuando empieza a perderse la vista de cerca, sube a 2 a los 52 años, pasa a 2,5 dioptrías a los 55 y alcanza el máximo de 3 cerca de los 60 años.

Sin embargo, además de las gafas, también podemos optar por usar lentillas o recurrir a la cirugía. Todo ello siempre siguiendo el consejo de nuestro especialista. De hecho, Blázquez recomienda ir al oftalmólogo cuando somos conscientes de que no vemos de cerca porque es un momento más que adecuado “para hacer otras medidas en el ojo, como por ejemplo la medida de la tensión ocular o la revisión del fondo de ojo, etc. Algunas patologías o enfermedades en el ojo aparecen en esa edad en la que debuta la presbicia”, explica Blázquez, y acudir a una consulta puede ayudar a ver si hay un comienzo de catarata, un glaucoma (elevación de la tensión ocular que produce lesiones en el ojo), o problemas en la retina que hay que descartar.

¿Dónde hacer las gafas?

Y una vez que asumimos que necesitamos gafas y nos hemos hecho un examen médico de la vista, lo ideal es acudir a la óptica para hacernos unas personalizadas. 

“La gafa que se hace en la óptica está hecha acorde a las necesidades de cada persona. No siempre cada ojo tiene la misma graduación y los centros ópticos no tienen por qué ser iguales en ambos ojos”, y por eso Sánchez recomienda hacernos unas gafas a medida.

Es cierto que en las farmacias también podemos adquirir gafas para la vista cansada o presbicia, pero como apunta Blázquez, estas pueden servirnos para salir del paso o para tener unas gafas en el coche, otras en el bolso y otras en la cocina.

No tener unas gafas a medida, apunta Sánchez, pueden producir molestias para acomodar el ojo y forzar una posición de los ejes oculares que no es adecuada, además de rojeces en los ojos.

No obstante, pueden utilizarse gafas progresivas para aquellas personas que tienen miopía o hipermetropía y lentes de contacto, sobre todo en personas que ya las utilizaban para sus problemas de visión. Sánchez añade que incluso en personas que no tienen otros problemas en la visión de lejos también se pueden usar gafas progresivas “ya que hay  muchas tareas de visión próxima que realizamos, como cocinar, conducir…y así no hace falta estar quitándose y poniéndose las gafas” y permiten poder ver.