La articulación de la cadera es aquella en la que encaja la parte terminal del fémur, gracias a la forma esférica de dicha terminación, con una cavidad de la pelvis. Esta pelvis, a su vez, está formada por distintos huesos que, en conjunto, participan en funciones fisiológicas muy importantes y que, como veremos, pueden desarrollar distintos problemas que se traducen en dolor.

Esta región inferior del tronco con forma de embudo y que marca el final de la columna vertebral tiene la función de permitir la articulación del tronco inferior, soportar el peso corporal en posturas tanto estáticas como dinámicas, proteger a los órganos internos (en especial a los sexuales), transmitir parte del peso a las piernas y resistir las fuerzas de compresión.

Como vemos, la cadera (la articulación) y la pelvis (la estructura ósea con forma de embudo) cumplen con funciones tanto mecánicas como de protección, por lo que es lógico pensar que fracturas, distensiones, dislocaciones y otros problemas en esta región pueden derivar en daños que se traducen en dolor.

En el artículo de hoy, pues, investigaremos las principales causas detrás del dolor de cadera, asociado especialmente a la tercera edad, analizando la sintomatología de los distintos cuadros y ver con qué tratamientos pueden abordarse clínicamente. Empecemos.

¿Qué es el dolor de cadera?

El dolor de cadera es una percepción sensorial desagradable y molesta que se experimenta de forma localizada en la articulación de la cadera o alrededor de la misma. Cuadros en los que no se experimentan sensaciones dolorosas directamente sobre esta zona pero sí en la ingle, muslo e incluso la rodilla pueden considerarse situaciones asociadas a este dolor de cadera.

Sea como sea, el dolor de cadera es una queja frecuente que puede deberse a una variedad muy extensa de problemas fisiológicos, estando la mayoría de ellos, como veremos, asociados al propio envejecimiento del cuerpo. De ahí que, si bien sea un dolor común en la tercera edad, no lo sea tanto en adultos jóvenes.

Este dolor de cadera aparece por problemas en el mecanismo de la articulación de la cadera o por patologías de calibre óseo en la pelvis, el embudo osteomuscular que se estrecha hacia abajo y que es la estructura ósea que se encuentra en la parte inferior del tronco superior. Por lo tanto, alteraciones fisiológicas en la articulación misma o en la pelvis se traducirá en este dolor de cadera.

Dada la importancia de la cadera en la movilidad corporal, experimentar dolor en esta articulación o estructuras anexas puede hacer que muchas actividades diarias sean dolorosas e incluso imposibles de realizar, pues en ocasiones puede tratarse de un dolor muy limitante.

De hecho, mientras que en algunos casos las dificultades pueden encontrarse al correr, al caminar, al salir de la cama o al subir escaleras, hay situaciones más graves donde la persona ni siquiera es capaz de ponerse en pie o apoyarse en una o ambas piernas. Llegados a este punto, la visita al médico se hace obligada. Y, evidentemente, encontrar la causa de fondo es esencial.

Qué es dolor cadera

Causas del dolor de cadera

Como hemos visto, la cadera en sí es una articulación esférica que une el fémur (el hueso del muslo) con la pelvis. Al ser esférica, el movimiento se realiza en torno a varios ejes, motivo por el que son posibles no solo los movimientos de flexión, extensión y rotación típicos de una articulación, sino también los de abducción (separar las piernas) y de aducción (juntarlas), es decir, los laterales.

El fémur tiene una especie de depresión para insertarse en el acetábulo de la pelvis, una región localizada en el cuerpo del isquion (la parte más inferior de la pelvis) y que consiste en una cavidad para permitir la inserción del fémur. Este acetábulo de la pelvis, pues, es parte fundamental de la articulación.

En este sentido, la articulación de la cadera como tal ya no es que esté formada solo por dos huesos (fémur y pelvis), sino también por cartílago (tejido conectivo rico en células condrógenas, fibras elásticas y colágeno que evitan el roce y fricción entre huesos), ligamentos (unen hueso con hueso), tendones (unen músculo con hueso) y menisco (un tipo de cartílago con forma semilunar), por no hablar de que la pelvis, a su vez, está compuesta de la unión de 11 huesos distintos con todos los componentes musculares, ligamentosos y tendinosos asociados.

Y si a esta diversidad morfológica le añadimos el estrés mecánico al que está sometido, nos quedamos con un caldo de cultivo perfecto para la aparición de problemas que se traducirán en un dolor localizado en o alrededor de esta articulación. Cabe destacar, antes de detallar las causas, que es un problema muy común en la tercera edad (no tanto en adultos jóvenes) y que muchas veces puede ser un reflejo de un problema en la espalda más que en la cadera en sí.

Ahora bien, ¿cuáles son las principales causas del dolor de cadera? Las fracturas de cadera (dolor repentino y agudo), osteoporosis (una pérdida de densidad ósea que aumenta el riesgo de fractura), infecciones óseas o articulares, osteonecrosis (necrosis por falta de suministro sanguíneo al hueso), desgarro en el labrum (el menisco) de la cadera, pinzamiento femoroacetabular (crecimiento anómalo en el acetábulo que impide la normal inserción del fémur), artritis (una patología autoinmune), artrosis (muy asociada al envejecimiento), bursitis (inflamación de la cápsula donde se encuentra el líquido sinovial), tendinitis, síndrome del piriforme, síndrome de cadera en resorte, ruptura del rodete glenoideo, distensión muscular de la ingle, distensión de los músculos isquiotibiales, dislocación por traumatismo…

Como vemos, las causas son muy variadas (muchas ligadas al envejecimiento de la propia articulación) y no todas ellas son igual de graves. Por ello, ante un cuadro de dolor de cadera, lo mejor es acudir al médico para que este haga un diagnóstico diferencial y dependiendo de los síntomas y de la localización exacta del dolor descarte la mayoría de los desencadenantes que hemos visto. Conocer la causa es primordial para realizar un tratamiento correcto.

Causas dolor cadera

Síntomas del dolor de cadera

El dolor de cadera, como hemos comentado, se define como todas aquellas molestias que pueden aparecer en la zona de la articulación o en las estructuras que se encuentran a su alrededor, como la ingle, el músculo e incluso la rodilla. Por lo tanto, las características clínicas dependerán de la persona en concreto y de la causa detrás del dolor.

De todos modos, la principal sintomatología del dolor de cadera consiste en: dolor punzante en uno de los lados de la cadera, ligera cojera, dolor lumbar, dolor en la pelvis, dolor en los glúteos, dificultad para caminar, problemas para ponerse en pie, dolor al agacharse o doblar la cadera, hinchazón de los glúteos, fiebre (a veces), dolor estando sentado o en la cama, sensación de calor en la zona con dolor, dolor que se propaga hasta las rodillas, dolor que empeora después de hacer ejercicio, disminución del rango de movimiento…

Muchas veces, especialmente en la población más joven, los episodios de dolor de cadera son agudos y no se mantienen en el tiempo, pues sus causas suelen estar asociadas a golpes o situaciones clínicamente poco graves. Pero cuando, en especial en la población más anciana, este dolor de cadera se hace crónico y limita las actividades diarias, entonces sí que se hace esencial recibir un tratamiento acorde al desencadenante del dolor.

Síntomas dolor cadera

Tratamiento del dolor de cadera

El tratamiento, evidentemente, depende de la causa detrás del dolor. Por ello, pese a que te indicaremos las distintas formas de abordaje clínico, desde aquí te recomendamos que, ante un caso de dolor de cadera que se cronifica y/o que empeora con el tiempo, acudas a un traumatólogo para que podáis encontrar una terapia que logre los máximos beneficios.

De todos modos, ¿en qué suele consistir el tratamiento para solucionar el dolor de cadera? El mejor tratamiento, en realidad, es la prevención. El dolor de cadera puede prevenirse, en parte, manteniendo un peso adecuado, realizando ejercicios para fortalecer la cadera, dando paseos frecuentes, practicando natación, corriendo en superficies lisas (evitar las calles de ciudades), utilizando plantillas (si es necesario), calentando siempre antes de hacer deporte, haciendo bicicleta y evitando estar mucho tiempo de pie, estar mucho tiempo sin moverse, cargar pesos, sentarse en asientos muy bajos y/o blandos, automedicarse y correr cuesta abajo.

Del mismo modo, pueden aplicarse algunos cuidados en el hogar ante un caso de dolor de cadera, como por ejemplo tomar medicamentos de venta libre para el dolor (el ibuprofeno suele funcionar bien), dormir sobre el lado que no duele y poner una almohada entre las piernas, evitar las actividades que inducen el dolor y tratar de no estar de pie durante largos periodos, siempre cargando el mismo peso sobre ambas piernas.

Si esto no consigue prevenir ni aliviar el dolor y este es agudo y causado por un traumatismo grave, va acompañado de deformidad o hematomas, limita enormemente las capacidades mecánicas, va acompañado de fiebre, la cojera es importante y/o se prolonga más de una semana, entonces quizás sí que es necesario iniciar un tratamiento clínico.

Como hemos dicho, es el traumatólogo el médico que trata un cuadro de dolor de cadera. En primer lugar, siempre se intentará un tratamiento conservador que no requiera de medicación ni, evidentemente, de cirugía. La fisioterapia, el control de peso, los ejercicios de biomecánica y las terapias de frío o calor dan resultados muy positivos en la mayoría de casos.

Si esta terapia conservadora no da resultados, entonces se puede optar por el abordaje farmacológico, que consistirá en la administración de analgésicos (para paliar el dolor) y/o antiinflamatorios (en caso de que la inflamación juegue un papel en el cuadro, especialmente común en tendinitis) con receta, así como en inyecciones de corticosteroides.

Si ni la terapia conservadora ni la farmacológica consiguen mejorar la situación, entonces quizás sí que sea necesario someterse a una intervención quirúrgica. Dependiendo de la causa de fondo y la alteración fisiológica a corregir, la cirugía será una u otra, aunque las operaciones más habituales son la implantación de prótesis (reemplazar la articulación), la fusión ósea y el lavado articular.