Si nos centramos en el plano teórico, la chía es una planta herbácea, de la familia de las laminácea y originaria del las regiones del sur de México, Guatelama, Nicaragua y Costa Rica. “El consumo de chía se remonta a la época de los aztecas y mayas que lo utilizaban como alimento, medicina y ungüentos”, afirma Marta Soler, CEO de PharmexCare.

El secreto de su éxito es que “contiene el doble de proteínas que cualquier otra semilla, cinco veces más calcio que la leche entera, dos veces más potasio que el plátano y triplica los antioxidantes de los arándanos. Además de una gran cantidad de fibra, carbohidratos, ácidos grasos poliinsaturados (como el omega-3), minerales (calcio, boro, potasio, hierro), antioxidantes y vitaminas (como la B3 y la C) hidrosolubles con importantes aplicaciones cosméticas”. La experta destaca su alto contenido en fibra soluble que provoca que puedan absorber hasta diez veces su peso en agua, por lo que, al ser ingeridas, “aumentas la hidratación del organismo, retienes la humedad y eso beneficia a la hora de regular los fluidos corporales y absorción de nutrientes”.

Para aprovechar sus virtudes en la piel, es preferible centrarse en el aceite, que se obtiene de sus semillas. Como dice Paola Gugliotta, fundadora de Sepai y Apoem, master en Dermocosmética y postgrado en Genética e Inmunología, “para hablar con propiedad de cualquier óleo hay que caracterizarlo y los ácidos grasos poliinsaturados omega-3 del aceite de chía poseen ácido α-linolénico (ALA) y ácido linoleico (LA)”. Quizá con sus nombres técnicos no los ubiques, pero juntos son conocidos como vitamina F y desempeñan un papel esencial en el mantenimiento de la función barrera de la piel y en la modulación de los lípidos naturales.

Sus beneficios en belleza

Todas sus virtudes lo convierten en un interesante ingrediente para productos antienvejecimiento. “Sus potentes agentes antioxidantes con actividad anti radicales libres, también son muy útiles en el tratamiento del foto envejecimiento y de productos destinados a cuidar la integridad de la piel y el cabello de los procesos oxidativos”, apunta Marta Soler. Por supuesto que también es un increíble agente hidratante (regula la pérdida transepidérmica del agua) y calma con sus características antiinflamatorias.

Eso le convierte en todo un comodín ya que, en palabras de Paola Gugliotta, “se puede incluir en cualquier tipo de producto cosmético y se puede usar para cualquier piel, incluso en las sensibles que tienen el manto lipídico desestabilizado”. ¿Su punto débil (por denominarlo de algún modo)? “Por su caracterización, es un aceite que se oxida muy rápidamente y suele enranciarse con facilidad si no se protege lo suficiente con vitamina E”, sostiene la experta.

Si quieres descubrir algunos de los cosméticos que tienes a tu alcance que incluyen chía, no te pierdas nuestra selección.

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