A pesar de todos los años que han pasado y de la fortuna que ha amasado desde entonces, Quentin Tarantino aún no perdona a su madre Connie por no haber creído en sus ambiciones profesionales y haberse puesto de parte de sus profesores del instituto cuando le castigaban por pasarse las clases escribiendo guiones.

En consecuencia, se juró a sí mismo que, si finalmente conseguía triunfar en el mundo del cine, ella no se beneficiaría del dinero que ganara.

“Una vez ella estaba quejándose por algo y de pronto, en el medio de su diatriba, me dijo: ‘Oh, y por cierto, esa idea de tu carrera como escritor se ha acabado’. ¡Hasta hizo unas comillas en el aire con los dedos! El hecho de que me dijera algo así de una forma tan sarcástica me hizo pensar: ‘De acuerdo, señora, cuando me convierta en un escritor famoso no vas a ver ni un centavo. No habrá ninguna casa para ti, ni vacaciones pagadas, ni un Cadillac de color rosa. No recibirás nada por lo que acabas de decir’”, ha recordado ahora Tarantino en el podcast “The Moment”.

GUARDA RENCOR

Lo máximo que ha llegado a hacer el famoso cineasta por su progenitora de 75 años ha sido ayudarle a pagar sus impuestos en una sola ocasión, pero al margen de ese momento de debilidad, él se ha mantenido fiel a su promesa.

“Lo que les dices a tus hijos tiene consecuencias. Todo el mundo debería recordarlo: hablarle así a tus hijos acerca de cosas que son importantes para ellos tiene consecuencias”, ha aclarado.