Ya casi se cumplen dos años de una especie de guerra sin sentido, donde se trata de justificar como urgente mantener la llamada ‘soberanía energética’, entendiendo que un país es más independiente si su sector público produce el 100% de la energía que consume, no importando que al producirla siga afectando el medio ambiente, cuyo costo social es mayor que el privado.

El gobierno federal se aferra al pasado lejano de los 70’s, donde se disponía de una sola empresa eléctrica y otra petrolera (monopolios de estado), ambas con tecnologías de producción obsoletas. La Comisión Federal de Electricidad (CFE) operando a base de combustibles fósiles, como el carbón y el combustóleo, cuando las energías limpias a base del aire y el sol eran incipientes.

Además, ahora que tenemos más de 15 años con desarrollos de empresas público y privadas, se pretende regresar a aquella época en donde el único oferente de electricidad era la CFE, a la par de la desaparecida Luz y Fuerza del Centro.

Nadie en su sano juicio, podría estar en contra de reconocer la existencia hoy, de tecnologías y costos más baratos de producción de electricidad. Incluso, todos están de acuerdo en fomentar que la propia CFE se diversifique en construir a la par del sector privado, sus propias plantas modernas de energía eólica y solar. Pero no en seguir explotando las vetustas plantas carboniferas que ahora están siendo desmanteladas en el mundo entero, por incosteables y contaminantes.

Lo que no es posible, más aún, no es eficiente el negar que el futuro en la generación eléctrica está en el uso de tecnologías eólica y solar y no en la quema de combustóleo y carbón. Además, que es evidente que el sector privado lo puede hacer de manera más eficiente y más barata. Negado a ver la realidad.

Por el otro lado, en lo que respecta a la producción de hidrocarburos, México dejó de ser un país eminentemente petrolero, ahora su participación es relativamente baja (1.7 mbd que produce Pemex dentro de una oferta mundial de alrededor de 90 mbd).

Regresar a la época de oro, cuando existía la llamada ‘Faja de Oro’ con reservas millonarias de petróleo casi a flor de cielo, ya no es posible, si bien se disponen de reservas suficientes en el mar profundo, estas son a un alto costo de explotación y requieren de la alianza público privado para el uso de nuevas tecnologías, ya que los yacimientos de fácil explotación están en un acelerado declive y Pemex no tiene ni los recursos ni la tecnología para explotar esos nuevos yacimientos en aguas profundas.

Por ello se debe aceptar la participación privada, para hacer posible incrementar la producción de esas reservas costosas.

Por todo ello, la suspensión dictada el pasado miércoles del acuerdo de la Secretaría de Energía (SENER) sobre la “Política de Confiabilidad, Seguridad, Continuidad y Calidad en el Sistema Eléctrico Nacional”, seguirá vigente hasta que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) decida sobre el fondo de las controversias constitucionales promovidas en su contra.

Es notorio que ahora existen dos concepciones distintas del cómo y cuándo llevar a cabo el desarrollo energético mexicano. Esas dos posturas son las que se enfrentan en una especie de guerra entre energías limpias y sucias. Guerra entre las posturas privadas y las burocracias de la CFE, Pemex y la SENER.

Mientras esto sucede, en la SCJN se decidió por unanimidad en la Primera Sala declarar como infundados tres recursos de reclamación promovidos por el Poder Ejecutivo Federal, en contra de la decisión del ministro Luis María Aguilar Morales de otorgar las suspensiones solicitadas por los gobiernos de Colima, Jalisco y Tamaulipas.

Se trata del acuerdo que impone reglas y tarifas a las empresas de energía alternativas, como las generadas por fotoceldas o turbinas eólicas, que las obliga a cumplir con estándares mínimos y cubrir cuotas por utilizar la red de distribución de electricidad.

Veremos en el futuro hasta donde se llega entre esas dos posturas que seguramente tendrán como nuevos testigos, los gobiernos de los países representantes de los inversionistas en energía eólica y solar que están presentando recursos internacionales de inconformidad que pudiera amenazar al propio T-MEC y el desarrollo económico de México…