Las pandemias han asolado al mundo desde tiempos muy remotos, en el siglo XIII la llegada de la peste bubónica diezmó la población de Europa en dos tercios constituyéndose en una de mayores catástrofes que el mundo ha conocido. A su vez en el siglo XV la sífilis asoló nuevamente Europa procedente de Oriente y en particular los cruzados la introdujeron, pero para ese tiempo comenzó a llamarse primero el mal de Nápoles, después se diría que era el mal francés y luego se diría que era el mal español.

Al principio la iglesia sostuvo que era la enfermedad producida para señalar a los pecadores, pero cuando Reyes, obispos y probablemente algún Papa como Alejandro VI de vida licenciosa la contrajeron se tuvo que decir que era el mal producido por los humores y por tanto a los curas se les pegaba al escuchar los pecados de sus confesados, por tanto se dijo que en ellos se les introducía el mal por el oído.

En si los médicos por tanto usaban trajes estrafalarios para combatir cualquier mal que se volviera epidémica y así poder sobrevivir a la hecatombe. Pero finalmente, médicos, justos e injustos, morales e inmorales fallecieron victimas e sus propia prepotencia y superchería, que nos recuerda que el ser humano no ha cambiado mucho desde entonces y busca a la enfermedad combatirla con la temeraria caridad o con la ignorancia apoyada en lo ridículo.

Hoy enfrentamos la segunda epidemia catastrófica de este siglo como fue el caso del HN1-N1 en 2009 y el COVID -19 que llena hoy las planas de todos los diarios del mundo y cada uno de los jefes de Estado que antes pretendieron ignorarlo como Trump o el primer ministro ingles hoy han cambiado radicalmente de posición, solo en México la futilidad se mantiene pensando que las autoridades sanitarias son expertas en corona virus y cabe advertirles que siendo una nueva enfermedad nadie puede proclamarse experto, pues aun esta pendiente encontrar los procedimientos curativos pues en este momento los médicos que lo atienden enfrentan como en Italia dilemas médicos cruciales como el de cual paciente tiene mayores probabilidades de sobrevivir para darle el equipo de respiración que está severamente restringido.

Hasta ahora se considera que el virus se ha extendido a casi todo el planeta y cubre un espectro total de 185000 casos según la OMS. Ahora bien ¿existe un patrón para enfrentar todos los casos? La respuesta es que no, ciertos medicamentos como el Ibuprofeno que es un medicamento no esteroideo no ha probado eficacia. En otros casos se sustituye para la fiebre el paracetamol sobre la aspirina, pues consideran que no son efectivos para la cura y propician el agravamiento de los pacientes. Por si fuera poco en este momento China ofrece una vacuna sujeta aun a ser experimentada en humanos. Por tanto de lo único que disponemos es de protocolos generales de la OMS.

Por si fuera poco la creencia que se mantuvo hasta hace unos días de que con el calor primaveral y de verano se acabaría el virus, hay que ponerla en entredicho pues provisionalmente se esta calculando los próximos 40 días, pero el mal esta pasando del hemisferio norte al sur donde esta terminando el verano y en los próximos días el Cono Sur o el continente Africano y Oceanía parecen seguir la ruta del crecimiento hacia el invierno, por lo que no hay evidencia que el inicio de la primavera ofrezca en el hemisferio Norte la seguridad de que con la primavera y el próximo verano la pandemia ceda. Por lo que tenemos que considerar que el clima es tan solo una variable que puede vincularse con otras dependiendo del espacio en que se asiente el virus podría ser fatal o mas benigno.

Lo mismo se dice de la letalidad por sexo, pues de acuerdo con ello la mayor se observa que es mayor en hombres que en mujeres. Pero este comportamiento que se observó en China no necesariamente será la línea de seguimiento de la enfermedad en el resto del mundo. En si una patología como esta debe ser enfocada bajo una visión luricausal donde las particularidades por medio rural o urbano; situación socioeconómica; capacidad inmunológica del paciente, pudieran también ser factores a considerar dentro de la complejidad del mundo real. Hay sin embargo un escenario que me preocupa y se refiere a que la mayor letalidad está asociada entre el COVID 19 y otras  nfermedades, pongamos el caso las enfermedades cardiovasculares, que ocupa el primer lugar en los decesos, continuando con diabetes; enfermedades crónicas respiratorias; hipertensión y cáncer. Lo cual para el caso de México que ocupa el deshonroso primer lugar en diabetes podría resultar catastrófico.

El otro factor será la edad pues en China se develó que entre las edades entre 60 años y más se concentraba este mal con resultados fatales. Y a la vez entre las primeras edades de menores de edad la disminución entre los pequeños no presentaba decesos. El punto es la afectación por mayor o menor virulencia de COVID 19, pero hay que reconocer que hoy la enfermedad ya en otras latitudes se esta produciendo en edades de un año, lo cual tampoco es alentador, pues quizá un menor pueda ser un portador más efectivo de la enfermedad que un anciano como agente de contagio.

Consideremos otra variable y es factible que encontremos resultados diferentes por países con mayor o menor desarrollo económico. No olvidemos que el lugar de origen de esta enfermedad fue Wuhan la ciudad emblemática para la industria automotriz y pesada. Semejante a Italia y España que muestran mayores niveles de desarrollo.

Pero ¿como se va a comportar el fenómeno si estamos en sociedades donde el subdesarrollo es generalizado y la enfermedad puede estar asociada con mayores factores de posibilidad? Como es el caso de que en México donde ha resurgido el dengue y el sarampión con resultados aun pendientes.

Finalmente, podemos establecer una división tajante entre los lideres políticos que han tomado en serio este problema y por tanto se han anticipado en materia de toma de decisiones en el despliegue de recursos de toda naturaleza como el caso de El Salvador que ha asumido el liderazgo en esta materia, cerrando fronteras, desmovilizando a la población y presentando alerta sanitaria en todos los casos y por supuesto en el lado contrario esta el gobierno federal de México y en particular del presidente quien no puede entender la magnitud del problema, que enfrenta la desarticulación del sector salud al liquidar el Seguro Popular, privatizar mediante pago eliminando la gratuidad, lo que ha creado un negocio floreciente en la medicina privada donde el costo de la identificación del virus tiene un costo entre 6 mil a 15 mil pesos por persona, sin tratamiento. Al mismo tiempo se han desarticulado las acciones sanitarias entre el gobierno federal altamente pusilánime e ideologizado y gobiernos de los Estados que están ya enfrentando la situación de desmovilización de la sociedad.

El remate es trágico y la estupidez de los negociadores entre Estados Unidos y México amenaza con el cierre de la frontera entre los dos países, lo cual sería catastrófico para nuestra economía y en el sur a partir del día 17 Guatemala ya tomó posiciones para cerrar los puentes binacionales. En fin que con la moral no se cura y con medidas sanitarias podemos al menos enfrentarlas.