Ciudad de México.- (El Universal).- Con temor e incertidumbre, pero también con amor hacia su trabajo y, sobre todo, a sus pacientes, Norma se enfrenta todos los días a la contingencia por el coronavirus (SARS-CoV-2), causante de la enfermedad COVID-19 que ha paralizado a México y al mundo.

Norma, nombre ficticio para preservar su identidad, tiene 40 años de edad y 15 de experiencia en el servicio público.

Como enfermera especializada en terapia intensiva conoce la importancia de su profesión en tiempos de contingencia sanitaria, pero también los riesgos.

«Este es un virus nuevo. Si usted me dice ‘pacientes con tuberculosis’, ya sé cómo es y cómo actúa, lo he visto varias veces. En este caso tenemos incertidumbre porque no sabemos cómo está evolucionando. Uno escucha noticias de otros países, cómo la gente está falleciendo y se está contagiando, independientemente de que tengas todos los cuidados y la capacitación del mundo, siempre vas a tener ese miedo».

Norma trabaja en el Hospital Regional de Alta Especialidad Ixtapaluca, en el Estado de México. Desde hace una semana atiende a un paciente hospitalizado por coronavirus, y a partir del domingo a otro más que fue ingresado ese día.

Hasta el momento, considera, los trabajadores del hospital no han sufrido por la falta de insumos para atender a esos pacientes, pero reconoce que ello se debe a que sólo han sido hospitalizadas dos personas.

Su temor y el de sus compañeros es que el hospital está preparado para recibir y atender únicamente a cuatro pacientes referidos; y la incertidumbre ante un nuevo virus se suma a la de no saber si alcanzarán los insumos o si el personal capacitado será suficiente, o qué harán si el número de pacientes rebasa la capacidad del hospital.

«No me ha faltado ningún material, pero sólo tenemos dos pacientes en este momento. Hemos recibido capacitación (…), lo que sé es que la capacidad sólo va a ser para cuatro pacientes referidos», dijo.

«¿Qué va a pasar si llegan más pacientes? El número puede sobrepasar al personal de salud. Ahorita no nos hemos visto en esa contingencia, pero en dado caso si yo pudiera pedir algo sería preguntar si el gobierno federal va a proporcionar el personal para este tipo de contingencias», cuestionó.

La enfermera consideró que a pesar de la importancia que tiene el personal de salud en estos momentos, no ha habido suficiente apoyo por parte del gobierno, y que se necesita crear más plazas y capacitar al personal existente para atender la contingencia.

Por su especialización, Norma percibe un salario de 24 mil pesos al mes; sin embargo, tiene compañeros que al no contar con una base, ni siquiera tienen seguridad social para afrontar ellos mismos una enfermedad que los ponga en riesgo.

«Me siento realmente importante. Nuestra función es primordial, pero necesitamos más respaldo por parte del gobierno en cuanto a plazas, capacitación y prestaciones. En mejorar el sueldo incluso. Tenemos que reforzar la capacitación continua para que no nos gane la contingencia», expuso.

En entrevista, contó que hace aproximadamente una semana se presentó a trabajar a su turno, y aunque todo parecía normal, se encontró con que estaba internado el primer paciente infectado con coronavirus.

Explicó que los protocolos y el trato son muy parecidos a la última crisis que enfrentó en su profesión: la de 2009, cuando el virus a vencer se trataba de la influenza AH1N1.

En ese entonces, como ahora, hubo temor por no saber qué esperar ante una enfermedad desconocida y que estaba generando una gran cantidad de enfermos.

En ese momento también hubo incertidumbre y temor por la manera en que se fue desarrollando en México y en el resto del mundo.

«Tuve miedo, pero para ser honesta sólo fue el primer día, hasta ahorita sin problemas. No puse ninguna objeción [en atender a los pacientes de Covid-19] porque al final de cuentas tenemos la literatura para manejar a pacientes de alto contagio», comentó Norma.

«También nos causa incertidumbre la gravedad de la enfermedad que se ha visto en otros países. Eso es lo que genera un poquito de miedo porque aunque tengas todas tus barreras, en este tipo de situaciones cabe alguna posibilidad, los protocolos lo que hacen es eliminar esa posibilidad casi por completo».

Aunque el manejo de los pacientes con coronavirus se hace con los mismos estándares de calidad que se utilizan para todos los demás, por tratarse de una enfermedad altamente contagiosa, es necesario seguir un protocolo de atención en específico.

Se trata del protocolo de contacto por gota, lo que quiere decir que las enfermeras y los médicos tienen que utilizar equipamiento y químicos especiales cada vez que entran en contacto con el paciente; el objetivo es desactivar el virus porque saben que tener contacto con una sola gota de orina puede representar la diferencia entre regresar a casa enfermos o sanos.

Norma combate el miedo y la incertidumbre con capacitación y rutina. Todos los días al terminar su jornada se retira su equipo y su uniforme quirúrgico especial. Pieza por pieza se va quitando los guantes, bata, goggles, careta. Tira los desechables y guarda en una bolsa de plástico su uniforme, después la sella y la envía a la lavandería, se baña, y al final, sólo cuando está limpia y completamente desinfectada, se pone su ropa de civil para regresar a casa.
Para ella y sus compañeros, el miedo más importante es llevar la enfermedad a su hogar.

«Llevamos goggles, cubrebocas, guantes, bata; nos lavamos las manos entre la colocación de cada aditamento que utilizamos como protección para el paciente, y tenemos mayor cuidado porque estamos utilizando una careta, que es una máscara de tipo soldador para poder evitar cualquier otro tipo de riesgo», explicó la enfermera.

«La incertidumbre es que tú lleves la enfermedad a tu casa. Se disminuye lo más que se puede el riesgo pero al final de cuentas existe. Igual yo me cuido mucho en el hospital pero no sé en la calle. Todos estamos expuestos», añadió.

Norma sabe que en estos tiempos de contingencia, el trabajo del personal de salud es necesario y este conocimiento la hace sentir importante. Cuenta que aprendió el amor por el servicio y el cuidado de otros desde su casa puesto que proviene de una familia de especialistas, médicos y enfermeras.

«Siempre vi mucho el amor por cuidar a las personas enfermas. Me encanta mi profesión y poder ayudar, estar ahí en los momentos más difíciles que tiene una persona. Lo más valioso que todo ser humano tiene es la vida y la salud, entonces es realmente reconfortante ayudar a las personas cuando pasan por un proceso tan grave como lo es perder la salud», concluyó.