Por: Eduardo Castillo Mtz.

Desde que tengo uso de razón, escucho en los medios, quejas respecto al maltrato de las escuelas en época de inscripciones, pero la verdad no es lo mismo verlo en la tele, a pasarse muchas horas esperando al menos ser notado.

Debo decir que ese día me levante con el pie izquierdo, pese a ello, tenía toda la actitud del mundo producto de mi nueva dieta y desde luego a la alegría de inscribir a mi pequeña al cendi; pero como siempre pasa, las cosas a veces no salen como las piensas.

Resulta que a mí esposa y a un servidor, nos citan a las ocho de la mañana. Pensé, si me levanto temprano puedo llegar media hora antes y salgo rápido, y así lo hice, pero ¿qué creen? Al arribar al Centro de Desarrollo Infantil Número Nueve, Ana María Balandrano, ni estacionamiento alcancé, porque si yo madrugue otros chistosos ni siquiera durmieron.

Vueltas, vueltas y más vueltas

Al llegar a la ventanilla de atención, nos regresan porque nos faltaban unos papeles mismos que el personal de la SET –educación inicial – debió habernos proporcionado, dije calma, son apenas las 8 y 20 de la mañana, así que con buena cara salí a buscar una copiadora.

Volvimos un rato después y nos retachan porque no habíamos pagado en el banco, pero tampoco se tomaron la molestia de decirnos a cual ir y cuanto pagar por concepto de la inscripción, que se supone ya no existe.

Regresamos a hacer fila y al llegar por tercera vez a revisión de documentos, que nos vuelven a batear porque hacían falta las copias de otros documentos… Entonces ahora si proteste “pero si acabo de pasar y no me dijiste nada”… El paciente maestro me ve con algo de lastima y entiendo que ahí solo sus chicharrones truenan, así que a buscar un chat para poder seguir el proceso.

Luego de una hora, regresamos al cendi, volvemos a pasar con el profe regañón y ahora sí, dije “ya la hicimos”… nada, que nos entregan un friego de formatos del grueso de un libro de medicina avanzada para llenarlos ahí mismo… Guardo mi cara de asombro y nos disponemos a llenarlos, pero bajo protesta porque esa monserga debimos haberla llevado a casa, pero olvidaron decirnos.

Pasa otra hora más, mi estómago ya casi ruge de hambre y mientras veo a otros padres de familia llegar a empezar el infierno llamado inscripciones pienso: pobres diablos, venir apenas a las doce del día.

Era una pareja de jóvenes, calculo unos veintitantos años, llegan buscando a una maestra que supongo es mandamás ahí, ella los saluda y ellos felices, pero ¡oh sorpresa! ante la mirada inquisidora de los presentes, cuyos rostros ya eran de franco encabronamiento, que los mandan a hacer fila y bueno a padecer igual que nosotros.

Debo decir que era poco agradable ver el rostro de otros padres de familia, que sentados en las jardineras del cendi esperaban a sus parejas, pues luego de ser llamados a la entrevista y perder el día laboral, nos dicen que solo podía entrar la mamá del niño… Otra más para el pelaje del tigre, también tuve que tragarme la intensión de decir mí pensar al respecto.

Pero a decir verdad, eso es lo único que me agradó, que sean parejos, democráticos y traten a todos por igual, ¡ósea de la fregada!, finalmente salimos de ahí luego de muchas entrevistas repetitivas hasta el infinito y más allá.

Concluyó que los maestros del cendi hacen lo que pueden, pero como crítica constructiva tienen un serio vacío comunicativo con el departamento de educación inicial de la SET, pues la información proporcionada no se parece ni tantito una de otra y los que pagamos el plato somos los somnolientos padres de familia.