La mujer de 33 años de Texas condujo por sí sola cuatro horas durante la noche para llegar a una clínica de abortos en Luisiana para una consulta. Tenía planeado inicialmente dormir en su auto, pero un grupo de asistencia le ayudó a conseguir una habitación de hotel.

Soltera y con tres hijos de entre cinco y 13 años, a ella le preocupa que la llegada de otro bebé represente menos tiempo, alimentos, dinero y espacio para sus tres hijos. Siendo desempleada y sin la ayuda de los grupos que ofrecen abortos gratuitos, señala que probablemente habría buscado otra manera de poner fin a su embarazo.

Ella fue una de las más de tres docenas de mujeres que llegaron el sábado al Grupo Médico Hope para Mujeres, un edificio de ladrillo de un solo nivel con ventanas cerradas al sur del centro de Shreveport.

Algunas llegaron solas. Otras iban acompañadas de un amigo o de su pareja. Algunas llegaron con sus hijos porque no pudieron conseguir quién se los cuidara.

Todas iban en busca de poner fin a un embarazo, y la mayoría era del vecino estado de Texas, donde la ley contra el aborto más restrictiva del país continúa en vigor.

La ley prohíbe los abortos una vez que sea detectada actividad cardiaca, después de aproximadamente seis semanas, antes que muchas mujeres se enteren siquiera que están embarazadas. No otorga exenciones para casos de violación o incesto. Como resultado, las clínicas de aborto en los estados circunvecinos se ven inundadas de mujeres de Texas.

Las mujeres aceptaron hablar con The Associated Press a condición del anonimato para que puedan hablar libremente sobre sus experiencias.