WASHINGTON, EU.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su equipo trataron ayer de frenar la polémica generada por sus comentarios denigrantes sobre varios países, mientras se agota el tiempo para alcanzar un acuerdo migratorio y evitar que el Gobierno quede paralizado por falta de fondos este fin de semana.

«Quiero que vengan de todas partes, de todas partes», dijo Trump al comienzo de una reunión en la Casa Blanca con su homólogo de Kazajistán, Nursultán Nazarbáyev.

El presidente respondió así al ser preguntado por un periodista sobre si la semana pasada dijo, en una reunión con legisladores, que quería que Estados Unidos recibiera más inmigrantes procedentes de Noruega.

Según varios medios, durante la misma reunión, Trump también llamó «agujeros de mierda» a naciones como El Salvador, Haití y varios países africanos; y aunque el presidente ha negado haber usado esa expresión, el senador demócrata Dick Durbin, que estaba presente en la sala, asegura que sí lo escuchó decirla.

La secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kirstjen Nielsen, intentó también zanjar ayer la polémica al asegurar ante el Senado que ella no escuchó a Trump usar esa palabra malsonante «específicamente» durante la reunión, en la que también participó.

La polémica ha puesto en serio riesgo las negociaciones entre la Casa Blanca y el Congreso para llegar a un acuerdo que proteja de la deportación a decenas de miles de jóvenes indocumentados que llegaron a Estados Unidos de niños, conocidos como «soñadores».

«Hemos gastado cinco días peleando por una palabra en lugar de por» los «soñadores», dijo la portavoz de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, «En el fondo, todos queremos lo mismo, y los demócratas tienen que dejarse de juegos políticos», añadió.