Se mantiene sereno. Jugar 76 minutos frente a Jamaica y salir de cambio no le causó molestia… o, al menos, no lo dejó ver. Javier Hernández fue sustituido por Oribe Peralta pese a que marcó el primer tanto de México en el duelo disputado en el Rose Bowl, ese que lo pone a un tanto de empatar a Jared Borgetti como máximo goleador de la Selección.

Se retiró de la cancha agradeciendo el apoyo de la gente; elevó sus brazos y dio palmadas. Después fue a la banca en completa tranquilidad. Chicharito sigue dando muestras de cómo debe comportarse un ídolo de un combinado nacional, justo el día en que Luis Suárez golpeó la banca porque no fue tomado en cuenta para ingresar al terreno de juego frente a Venezuela.

La impotencia del jugador uruguayo fue notable. Al ver que Álvaro González era el elegido por Óscar Tabarez para ser el tercer recambio, el delantero del Barcelona comenzó con los reclamos; golpeó una parte de la banca, después se quitó la casaca y echó palabras al aire.

Rivales del mismo grupo (el C), con diferentes condiciones futbolísticas y con formas de reaccionar completamente distintas. Mientras Chicharito se muestra tranquilo y sencillo, Suárez opta por reclamar la decisión del técnico. Hernández, por su parte, acepta que era momento de que dejara la cancha.

Hoy, Javier sigue dejando ver que con la misma humildad con la que acepta ser titular, encara el momento en que debe salir del terreno de juego. La misma humildad que lo ha llevado a reponerse de momentos complicados en los que ha vivido una situación similar, tanto en el Manchester United como en el Real Madrid.

No es el delantero más efectivo ni con mayor cantidad de reflectores enfrente, pero es, quizá, uno de los mejores ejemplos de cómo debe guiarse un jugador. Más que técnica y tácticamente, Chicharito debería ser visto como un ejemplo a seguir debido a que con la dedicación a su trabajo puede conseguir lo que muchos logran con goles: ganarse el cariño y, sobre todo, respeto de la gente.